La reflexión planteada tras la última sesión de proyectos filosofaba sobre la coeficiencia ambiental de la Arquitectura. El proyecto debe ir de la mano de la sostenibilidad, pues es siempre un fuerte apoyo a la hora de contextualizarlo en el entorno. En un mundo en el que vivimos, donde ya todo es coeficiente, sostenible, hay que saber adecuarnos a la evolución del sistema. Pues en este planeta los causantes de su paulatina destrucción somos nosotros. La mano humana es irreversible en sus acciones y por ello debemos tratar de evitar el estropicio fomentando un ambiente sostenible, autoeficiente.
Y no sólo en arte, sino también en nuestra forma de vida, rechazando el extendido materialismo y capitalismo que tanto afecta a los sectores mundiales. El mercado, al no ser trascendental, es un producto más y nosotros podemos adecuarlo a nuestro proyecto.
Teniendo en mente que construir es un concepto, y ello a la vez una serie de estructuras interconectadas de conceptos conglomerados termina dando como resultado ambiguos términos y hasta regiones conceptuales. En conclusión, un proyecto, una construcción está mucho más relacionado a la filosofía de lo que pensamos, a la razón, al buen hacer de la arquitectura. Porque al fin y al cabo, como modo de vida, también hay un modo de construir, el modo sostenible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario